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viernes, 17 de febrero de 2012

Especular de Rubem Fonseca

De nuevo el joven director colombiano Andy Baiz consiguió captar la atención del público con su más reciente cinta: La Cara Oculta, una excelente reflexión sobre la mente y el corazón de las mujeres, con una producción impecable y la incomparable música de la orquesta Filarmónica de Bogotá. Una película de suspenso que le va robando el aliento a los espectadores a medida que el suspenso aumenta y el triángulo amoroso se hace más complejo. “Tres protagonistas caerán en los peores vicios humanos: desde los celos enfermizos hasta la deslealtad en serie”, como dice Ricardo Silva en su columna de la Revista Semana. Después de ver la película, recordé un cuento de Rubem Fonseca donde la mente femenina y ese corazón retorcido que a veces sale a relucir en las mujeres, son de también los protagonistas. Los invito a leerlo: Especular...





Más para leer y ver: 
La Cara Oculta por Ricardo Silva 
Reseña de Joe Broderik 
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viernes, 19 de agosto de 2011

Sobre Guillermo Arriaga y los 40 de la Cinemateca

Guillermo Arriaga, Foto del FICCI

Y Guillermo Arriaga visitó Colombia y durante dos mañana (del 16 y 17 de agosto) habló ante un auditorio lleno hasta el tope, sobre sus grandes pasiones: el cine, la escritura, la creación, las historias…La cita fue en el antiguo Teatro México, hoy Auditorio Jorge Enrique Molina de la Universidad Central y el motivo: empezar a celebrar, como se debe, los 40 años de la Cinemateca Distrital de Bogotá.

Para quienes no lo recuerdan, Arriaga, es el mexicano que estuvo detrás del guión para tres inolvidables de Alejandro González Inárritu: Amores Perros (cinta ganadora de dos Oscar), 21 Gramos y Babel (con el que fue nominado al Oscar en 2007, en la categoría Mejor Guión).

En el 2008 salió al cine Fuego para la que no sólo hizo el guión sino que se encargó también de la dirección y el año anterior escribió y dirigió el cortometraje El Pozo (2010). Finalmente, vale recordar que en la literatura también ha dejado huella: Escuadrón Guillotina, Un dulce olor a muerte, Retorno 201 y El búfalo de la noche.

Arriaga fue el encargado de abrir la fiesta en la Cinemateca, que durante el resto del  2011 presentará más de 8 ciclos temáticos con unas 220 cintas; tendrá un Encuentro con Autores Latinoamericanos, realizará diez cinematecas itinerantes y tres exposiciones fotográficas sobre el mundo cinematográfico, entre otros eventos. Todos, apoyados por el Instituto Distrital de las Artes – IDARTES.

La siguiente parada de Arriega, después de su paso por Bogotá, será el 9o. Festival de Cine Colombiano de Medellín (del 22 al 26 de agosto de 2010).

Para quienes todavía no las han visto, aquí pueden disfrutarlas en línea:


Aprovechando su visita, vale la pena revisar estos tres videos donde el mexicano habla sobre la: "Construcción de personajes": 





viernes, 20 de mayo de 2011

Idiots and angels


Hace poco me encontré de casualidad esta increíble película llamada Idiots and angels, del animador norteamericano Bill Plympton (nacido el 30 de abril de 1946), el mismo que en 1987 estuvo nominado al Premio Oscar con su cortometraje animado Your Face.

La cinta está protagonizada por un hombre algo desagradable, violento, alcóholico y obsesionado con el sexo, que lleva una vida simple y monótona. Su rutina es visitar, día tras día, un decadente bar. Pero un día, amanece con unos pequeños bultos en su espalda que con los días se convierten en alas. Unas alas que lo van obligando a cambiar contra su voluntad. La película tiene una música hermosa y nada de palabras.

Lo interesante de Pympton, que parece tener una obsesión por explorar la esencia del ser humano y sus rincones más oscuros, para lo que se vale de una estética bastante particular y de un humor negro que perturba y hace sonreír a sus espectadores. Su trabajo es inspirador y por eso espero que lo disfruten.




Enlaces recomendados:

viernes, 11 de marzo de 2011

En memoria de Glauber Rocha

Muchos pueden haber leído alguna vez esta reseña que el escritor y periodista argentino José Steinsleger, publicara en La Jornada de México en 2005, pero tal vez otro muchos no hayan tenido la oportunidad de disfrutarla y conocer al que es considerado por sus seguidores, un cineasta excepcional: Glauber Rocha, nacido el 14 de marzo de 1939 en Brasil. ¿Quíén fue? ¿Cuál es su legado? ¿Qué tipo de cine creó? ¿Por qué todavía sigue tan vivo como cuándo lo estaba? Aquí les dejo algunas pistas...


por José Steinsleger

Nacido en Vitória da Conquista (Bahía, 1939) y muerto en Río de Janeiro por exceso de creatividad, el funeral del cineasta Glauber Rocha fue propio de un guión suyo: aquel acto espontáneo y catártico de masas, que el 22 de agosto de 1981 puso a cantar y a bailar, en el céntrico parque Lage, a millares de brasileños poseídos de tristeza y alegría.

Nada distinto (aunque más espectacular), que la filmación del velorio del pintor Emiliano Di Cavalcanti (1897-1976) en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, que Glauber narró como si se tratase de un partido de futbol y con música de carnaval: "¡Soy protestante y no lloro ante la muerte!", gritó a los medios mientras la policía se lo llevaba detenido.

Como Brasil es un país donde algunos muertos viven, el famoso pintor de mulatas gozó con el escándalo. En el legendario Diario Carioca, Di Cavalcanti había escrito: "Vivimos en una época de combate, en una época de lucha, y todo hombre actual debe enfrentar los antagonismos" Y con el bolchevique Bogdanov, remataba: "Donde no hay imágenes vivas no hay arte ni poesía (15 de octubre de 1933)".

Glauber Rocha fue hijo de Di Cavalcanti. Aunque con precisión su espíritu sintonizaba mejor con el Manifiesto antropófago (1926), del poeta Oswald de Andrade, uno de cuyos puntos decía: "Le pregunté a un hombre lo que era el derecho. Me respondió que era la garantía del ejercicio de la posibilidad. Ese hombre se llamaba José de Galimatías. Me lo comí".


Niño aún (13 años), Glauber participó como crítico de cine en un programa infantil de radio. A los 15 frecuentaba un cine-club, a los 17 realizó el cortometraje El Patio y fundó una productora de cine, y en los periódicos de Bahía escribió crónicas policiales y de cultura.

En Sao Paulo, Glauber conoció a los fundadores del Cinema Novo, asistiendo a la proyección y debate de obras emblemáticas del neorrealismo italiano: Ladrón de bicicletas, Rocco y sus hermanos, La Strada, Mamma Roma. Realizados con recursos precarios, actores no necesariamente profesionales, y descarnados testimonios de la clase obrera italiana de la posguerra, aquellos filmes marcaron el norte de su creación: no una escuela estética, no un partido político. Sí un cine nacional que deje para siempre el neocolonialismo cinematográfico que condena repetir las fórmulas y hallazgos de otros.

Del neorrealismo de Barravento (1962), con actores no profesionales y pescadores de Bahía, hasta la poesía barroca de Tierra en trance (1967), el cine de Glauber Rocha empleó un lenguaje preciso, despojado de adjetivos inútiles e insustanciales.

Escribía o declaraba Glauber: "el cine no será una máscara porque el cine no hace la revolución; el cine es uno de los instrumentos revolucionarios. La colonización amenaza continuar incluso después de la revolución. La Fox, la Paramount, la Metro son nuestros enemigos, necesitamos de los santos y orixás, hay que negar la razón colonizadora y superar el moralismo dogmático que mezquina los héroes."

La historia de Dios y el Diablo en la tierra del sol, una de sus películas más impactantes, transcurre en la escenografía descrita por Euclides da Cunha en Os Sertoes (1902). La crónica, magistral, narra la gran guerra campesina de Canudos (1895-97), donde el gobierno de la época sufrió la derrota de cuatro expediciones y el ejército brasileño tomó cuatro prisioneros: un viejo, un niño y dos hombres agotados. Nadie se rindió.



En Canudos, precisamente, las cámaras de Glauber sorprenden al extraño Antonio Das Mortes, matador de cangaceiros (bandidos), platicando en el viejo mercado con el ciego Julio, quien recuerda los motivos centrales de la rebelión. Das Mortes trabaja para los terratenientes y anda en busca del bandido Corisco para matarlo. Pero al ciego confiesa que si bien su oficio es matar, no quiere hacerlo más; y que si lo hace es porque "no puede vivir descansando en esta miseria".

El ciego Julio replica que el pueblo es inocente. Entonces, el matador clava la mirada en el espectador: "Un día va a haber una guerra en este sertao (desierto del nordeste de Brasil), una guerra sin la ceguera de Dios y el Diablo. Yo, para que esa guerra venga algún día, yo, que maté a Sebastiao (santón de la región) voy a matar al Corisco para después morir a mi vez, pues nosotros somos todos la misma cosa".

Corisco, el bandido, dice que los poderes del pueblo son invencibles. Pero la realidad, según Glauber, "es la fuerza del inconsciente en dos planos: uno, hecho por la conciencia hacia los cultos y la civilización, y el otro determinado en la imagen del inconsciente, a la cual se le llama poesía o magia".

En el ensayo Estética del hambre (1965), Glauber Rocha afirma que el factor elemental de la liberación radica en la condición objetiva de los pueblos. El ensayo ataca a los partidos políticos nacionalistas y de la izquierda, a los que califica de "representantes de la concepción festiva de la revolución y de ser producto de una concepción intelectual aristocrática y burguesa, heredada del academicismo, privilegios, vedettes, concursos, premios y festivales".

En Italia, la película Antes de la revolución (Bertolucci, 1964), sostiene iguales críticas a personajes de la izquierda que "parecen estar más comprometidos con sus propias lujurias que con el marxismo, y esta actitud es la que impide el triunfo de su proyecto político".

Rocha sostenía que la credibilidad de un presupuesto revolucionario depende de su permanencia en el tiempo, de la firmeza y decisión para impulsar la acción que en términos de arte y cultura debe girar en torno a una premisa central: no mentir al pueblo.


En 1968, un grupo de estudiantes de La Sorbona afirmó que Antes de la Revolución, Week End (Godard, 1967) y Tierra en trance (Rocha, 1967) fueron las películas que más influyeron en el mayo parisino.

Todas las copias de Dios y el Diablo... fueron destruidas por la dictadura militar brasileña (1964-85), menos la que llegó clandestinamente al Festival de Cannes. La censura prohibió la exhibición de Barravento (premiada en Karlovy Vary, 1962), Tierra en trance (1967), El dragón de la maldad contra el santo guerrero (premio al mejor director en Cannes 1969), El león de siete cabezas y Cabezas cortadas (1970).

Sin embargo, en el último tramo de su corta vida, ciertas declaraciones de Glauber parecían acercarlo a las alucinaciones de los santos y los justicieros de vanguardia con crisis de conciencia, sumergido en angustias de intelectuales como el Paulo Martins de Tierra en trance, o las del guerrillero que viaja al Congo y allí queda estremecido porque una cosa es hablar de relativismo cultural, y otra observar in-situ prácticas culturales que se liberan devorando el hígado o el corazón, y cortando cabezas del enemigo con gritos, música y danzas guerreras.

Los desconcertantes comentarios de quien ya era expresión viva de la cultura brasileña, descolocaron a muchos de sus amigos, y a más de un crítico de arte. En 1974, el cineasta declaró a la revista Visión que el general Golbery do Couto e Silva era un "militar nacionalista, uno de los genios de la raza". La dictadura de Brasil, pensaba, daría un giro tras objetivos como los del general peruano Juan Velasco Alvarado y el libio Kadafi que vendrían a realizar, como Antonio Das Mortes, "los cambios que la izquierda no supo o no pudo hacer."

No obstante, en una época donde todo parece entrifugarse en el relativismo cultural, la confusión ideológica y el adocenamiento político, las palabras de Darcy Ribeiro cobran fuerza y razón: "Glauber Rocha nos ha dejado como herencia su indignación".

Con 12 películas realizadas, el director de Dios y el Diablo... perteneció a una generación de creadores que antes de cumplir los 30 años todo lo habían dado de sí y después de los 30 se preguntaban por dónde seguía la exégesis de la revolución, no dejaban de firmar sus cartas y comunicados tal como lo hacía Glauber:

A esquerda, tudo. A direita, nada.
A la izquierda, todo. A la derecha, nada.





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